Bienvenidos al hogar de mi alma

DÍA 42: La memoria

Recuerdo aquellos domingos de invierno en los que buscábamos el abrigo del hogar. Una película, el sofá, la manta y una bolsa de pipas. Era el momento de encontrarnos tras una semana de idas y venidas, encuentros fugaces y desencuentros superados, a menudo, con el silencio.

También recuerdo los domingos de primavera y otoño paseando por la montaña, jugando a saltar las hojas ocres o recogiendo las primeras prímulas salvajemente serviciales. Corriendo bajo el manto sereno de la lluvia, disfrutábamos de ese perfume que regala la naturaleza cuando se va transformando.

Y esos domingos de verano que saben a arena caliente y dulce salitre. A sandía bulliciosa, a cerveza de terraza y helado de vainilla. Esos domingos donde hasta las sombras abrasan y las noches se perpetúan ausentes de brisa. Domingos de luz infinita encaramados en todos los rompeolas de la vida. 

Domingos de mi vida que hoy se deslizan por la memoria.

1 comentario

  1. Isabelo

    …»cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado fue mejor»…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.