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El camino nos encuentra, de vez en cuando.

Y la palabra y la música se unen en el espacio singular del silencio.

Y se produce el milagro de la buena compañía.

Y seguimos caminando.

Las palabras se han quedado temblando sobre la barandilla azulada del tiempo. Tiemblan como diminutas hojas ocres a punto de desprenderse de la rama sólida del calendario. Quisieran reinventarse, retornar a la juventud de los diccionarios, a la claridad de un paisaje renovado en la laxitud de una gramática desinflada por los libros de texto, por las herméticas matemáticas de la ortografía.

Las palabras observan el horizonte con la mirada tímida de un niño vencido por la edad, con la vejez justa para desfallecer mínimamente, como de puntillas, en silencio magistral y piadoso. Y están aquí, se reproducen, se multiplican como la arena de la playa, a sorbos de salitre, a golpes de espuma, caracola y canto rodado.

Las palabras: mucho más que palabras, mucho más que voz, pasado y futuro. Palabras siempre, eternamente.

Vamos caminando paso a paso como si la urgencia no existiera, como si la prisa hubiese quedado estática en un cuadro cubista, virtualmente abstracto.

Paso a paso, a veces queriendo acelerar la marcha, pero siempre con el lento augurio de la respuesta incierta. No hay voz que resuelva el enigma, ni oración que espante el espanto. Estamos en el camino y sólo nos toca seguir avanzando. A ritmo lento. Paso a paso.

Por amor al amor me levanto cada mañana.

Abro las ventanas, saludo al nuevo día, mientras una brisa de incontable alegría se instala en los adoquines desgastados por el uso del camino. Y cada paso es destinado a cruzar los puentes que me separan de ti. De ti que estás sufriendo, de ti que llevas la herida de un destino incierto, de ti que tienes miedo, de ti que has sido cazado por el dolor y la amargura. 

Cada uno de mis pasos es tuyo, cada voluta de oxígeno, cada palabra desprendida de este discurso ambiguo y sin tildes, escarchado de llamas, oloroso como un huerto explosionando bajo un parto de abril

Por amor al amor me levanto cada mañana.

Por amor a ti. Por amor a la vida.

Hay que avanzar, no tenemos más remedio.

Nos ajustamos la mascarilla, nos lavamos las manos y guardamos la distancia. Y avanzamos.

Despacio pero seguros. Intentando ser más rápidos que el bicho.

La vida se ha convertido en una carrera de fondo. Tonto el último.