Bienvenidos al hogar de mi alma

Autor: Sacra Leal (Página 1 de 90)

"Hacedora de versos" (lo que la RAE llama poetisa) ,maceradora de palabras en casi todos los formatos, actriz a ratos, madre en prácticas, ama de casa en contrato indefinidamente temporal...
Para saber del curriculum completo peguntar sin vergüenza...Se responde a todo y, de vez en cuando, con la verdad.

LUTO

Para todas las madres que han perdido a sus hijos.

Para ti, Mercedes, desde el corazón.

Se me ha amontonado el luto como se aglutinan las moscas ante la miel del verano.

Como se desperdician las manos en los andenes vacíos tras la salida del último tren sin pasajeros. Un tren que se escapa, indecente e imprevisible, con la maleta perdida que guarda el aliento de nuestra propia vida.

Se ha quedado pequeño el latido, tan minúsculo como una porción desmemoriada naufragando en el último capítulo de la esperanza.

Y ya nada parece que sea real, salvo este impulso visceral de descorrer las ventanas para lanzarse al vacío del olvido.

Y que todo vuelva a empezar, y que el vientre se dilate, de nuevo, como una nube de inmaculadas esencias. Útero azul hospedando la eternidad.

Sin embargo, el vacío de ti, como un enjambre de euforia desbocada, toma asiento en el salón.

Sabes que ya nunca volverá el paisaje de antes, aunque el camino, jalonado de silenciosos cipreses, empuja. Cada guijarro impone un nuevo punto de sutura.

Ahora toca sobrevivir.

Se nos ha amontonado el luto.

Imposible vencer al dolor con un solo corazón.

LA PERMANENCIA DEL AMOR

Nadie necesita ser perfecto porque la perfección no existe.

El amor no entiende de reglas.

Yo amo porque tú me amas.

Y tú me amas porque yo te amo.

Y el círculo no se cierra.

Se expande como una voluta de luz enamorada que, al mismo tiempo, se multiplica.

El amor es la única energía gratuita que nunca se pierde, no cotiza en bolsa y siempre permanece.

El amor me libra de mi propia muerte y de la muerte a los que amo.

Feliz día del AMOR en MAYUSCULAS.

AC/DC

Me encanta encontrar coincidencias. Aunque siempre he pensado que lo fortuito no existe, es como si el universo lo pusiera en nuestro camino para alertarnos, divertirnos o, simplemente, cuestionar nuestra supremacía frente a lo desconocido.

También me gusta jugar a las siglas. Esas letras que parecen encontrarse en un lugar sin sentido, como jugando en el parque de atracciones de un diccionario obsoleto y mal intencionado.

Me gusta creer que las letras me acompañan y algunas, coincidente o no, siguen encendiendo pequeños candiles en mi memoria.

Me gusta la historia. Pronto empecé a intuir lo que era AC (antes de Cristo) y DC (después de Cristo). La supremacía excelsa de un imperio.

Recién entrada la juventud, con necesidad de trabajar y siendo empleada de una empresa de electrónica, aprendí a distinguir la AC (corriente alterna) y DC (corriente continua). Y puestos a desear, habría estado perfecto ser una empleada «legal».

En la soledad de una pandemia sorpresiva, he vuelto a encontrar otra coincidencia. Quizá tan temprana como desconocida. AC (antes del Covid) y DC (después del Covid). Supongo que esto lo reflejarán los libros de historia siglos después, cuando yo sólo sea algo menos que una nada gravitando en el olvido.

Pero, entre todas las AC/DC de mi vida, si me dan a elegir, lo tengo muy claro.

LA VACUNA, LA VIDA, LA ESPERANZA

De repente la vida nos dio un empujón. Apenas nos dejó el único aliento de la supervivencia. Nos creímos inmortales, seres supremos, pero nuestra propia fragilidad nos delató. Quedamos abandonados en el desierto de la incertidumbre. Se cerraron las puertas. Se bajaron las persianas. Y solo la Naturaleza pudo respirar con su propia luz enamorada.

Han sido muchas las voces que han quedado calladas, por siempre, desde aquel sorpresivo marzo. Muchos los corazones sin latido, soterrados en la soledad de una incógnita voraz y silenciosa. Demasiada luz perdida en el oxígeno permeable de un olvido nunca eterno. Demasiados adioses sin piel, sin abrazo, sin beso.

Sin embargo, la vida nos da una nueva oportunidad. Llega la vacuna y, con ella, la esperanza.

Me gusta vivir. Hoy he firmado la renovación de mi contrato vital.

TODOS LOS DÍAS

El tiempo, de repente, se ha convertido en un minúsculo cronómetro con los granos de arena limitados.

A veces parecen repetidos. Otros suenan a presentidos. Y los que menos, a sorprendentes. Hemos entrado en una línea tan horizontal como la innecesaria soledad del horizonte.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

A los que acaban de llegar a mi vida para llenar las copas de la esperanza.
A los que estuvieron siempre con los brazos abiertos y la luz encendida.
A los de sangre.
A los de aliento.
A los que no sabía que quería,
a los que no sabían que me querían.
A los que se fueron.
A los que permanecen.
A los que vendrán.
A los que nunca se fueron.

El tiempo se acorta a la medida justa que el amor se agranda.

Se vuelve urgente olvidar la voz del dolor para ampliar el susurro de la alegría.

Amo en la justa medida de mi memoria y en perfecto equilibrio de mi corazón.

Estoy a salvo.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

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