Bienvenidos al hogar de mi alma

Categoría: Cotidiana eternidad (Página 1 de 40)

LUTO

Para todas las madres que han perdido a sus hijos.

Para ti, Mercedes, desde el corazón.

Se me ha amontonado el luto como se aglutinan las moscas ante la miel del verano.

Como se desperdician las manos en los andenes vacíos tras la salida del último tren sin pasajeros. Un tren que se escapa, indecente e imprevisible, con la maleta perdida que guarda el aliento de nuestra propia vida.

Se ha quedado pequeño el latido, tan minúsculo como una porción desmemoriada naufragando en el último capítulo de la esperanza.

Y ya nada parece que sea real, salvo este impulso visceral de descorrer las ventanas para lanzarse al vacío del olvido.

Y que todo vuelva a empezar, y que el vientre se dilate, de nuevo, como una nube de inmaculadas esencias. Útero azul hospedando la eternidad.

Sin embargo, el vacío de ti, como un enjambre de euforia desbocada, toma asiento en el salón.

Sabes que ya nunca volverá el paisaje de antes, aunque el camino, jalonado de silenciosos cipreses, empuja. Cada guijarro impone un nuevo punto de sutura.

Ahora toca sobrevivir.

Se nos ha amontonado el luto.

Imposible vencer al dolor con un solo corazón.

LA PERMANENCIA DEL AMOR

Nadie necesita ser perfecto porque la perfección no existe.

El amor no entiende de reglas.

Yo amo porque tú me amas.

Y tú me amas porque yo te amo.

Y el círculo no se cierra.

Se expande como una voluta de luz enamorada que, al mismo tiempo, se multiplica.

El amor es la única energía gratuita que nunca se pierde, no cotiza en bolsa y siempre permanece.

El amor me libra de mi propia muerte y de la muerte a los que amo.

Feliz día del AMOR en MAYUSCULAS.

FALLECÍ AYER

Fallecí ayer. No me di cuenta. El caso es que pasé todo el día como desmemoriada, excesivamente eufórica, catatónicamente imperfecta. Un síndrome agudizado de mi propia naturaleza ecléctica y pragmática.

Era yo en la misma esencia del olvido, o quizás el recuerdo fugaz de un pensamiento caduco y mortecino. Lo cierto es que fallecí ayer. Acababa de cumplir los cincuenta y siete. Mayo cerraba su última ventana. Huele a asfalto y madreselva.

He cumplido mi promesa de vivir hasta el límite sibilino de mi conciencia. Solo he dejado una tarea pendiente: escribir mi epitafio.

He decidido volver. Esperadme.

LOS LUNES

Me gustan los lunes. Saben a cumplimiento vital de la rutina. A luz repetida en los cristales insomnes. A caldo de pollo con verduras recién arremolinadas en una olla fugazmente mortecina.

Me gustan los lunes. Estos lunes de primavera azulada sobre un calendario que no detiene su vuelo, su trepidante galopar a lomos de tormentas fugaces, minúsculos desazones que te empujan al calvario de los olvidos huecos. Sin embargo, tras este incipiente silencio, un jolgorio de lluvias enamoradas aletean sus alas aguosas como llamando a la esperanza, al eterno deseo de vivir.

Me gustan los lunes porque saben a cerezas, y son redondos, y abren el paso a una vida nueva, y tienen el vigor justo para ascender todas las cumbres de la semana.

Me gustan los lunes pero mucho más a tu lado.

AMO AMAR

Amo amar.

Hoy ha amanecido sábado. 
La ciudad desprendía un olor a rutina, a sencillez de mercadillo, 
baldosas amarillas buscando ofertas, 
melocotones en almíbar o 
la frescura lírica de cerezas que se exceden de pura redondez, 
tal livianamente persuasivas. 

Hoy ha amanecido un sábado amor. 

Teníamos una cita.

Una cita de esas que liberan todos los pecados,
rememoran todos los recuerdos, 
revitalizan la neurona de la felicidad. 
Citas que se balancean entre los silencios presentidos 
y las palabras abocadas a la luz del olvido. 

Amar es divertido 
y es la única medicina para curar la mortalidad.
 

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