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El poder de la sangre


Para mis hermanos

Al final acabamos siendo un escombro de nosotros mismos.
O puede ser que no.
Al final acabamos siendo lo que somos:
Una eternidad ambulante en los parámetros infinitos de la conciencia.
Un aleteo de arcángeles infelices.
La semilla fugaz de un hambre eterna que sigue revoloteando
por los estómagos del mundo.
Al final somos lo que queremos ser,
más allá de lo que nos soñaron,
mucho más allá de nosotros mismos y nuestra memoria.
Al final somos y eso ya es suficiente,
o insuficiente,
o necesario,
al final es y, siendo, ya es bastante.

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