Bienvenidos al hogar de mi alma

TODOS LOS DÍAS

El tiempo, de repente, se ha convertido en un minúsculo cronómetro con los granos de arena limitados.

A veces parecen repetidos. Otros suenan a presentidos. Y los que menos, a sorprendentes. Hemos entrado en una línea tan horizontal como la innecesaria soledad del horizonte.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

A los que acaban de llegar a mi vida para llenar las copas de la esperanza.
A los que estuvieron siempre con los brazos abiertos y la luz encendida.
A los de sangre.
A los de aliento.
A los que no sabía que quería,
a los que no sabían que me querían.
A los que se fueron.
A los que permanecen.
A los que vendrán.
A los que nunca se fueron.

El tiempo se acorta a la medida justa que el amor se agranda.

Se vuelve urgente olvidar la voz del dolor para ampliar el susurro de la alegría.

Amo en la justa medida de mi memoria y en perfecto equilibrio de mi corazón.

Estoy a salvo.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

1 comentario

  1. María José

    ¡Cómo me gustan tus sentimientos escritos, se me cuelan por los ojos y ya no paran hasta mi caballito rojo loco! Gracias y gracias, Sacra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.