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Por amor al amor me levanto cada mañana.

Abro las ventanas, saludo al nuevo día, mientras una brisa de incontable alegría se instala en los adoquines desgastados por el uso del camino. Y cada paso es destinado a cruzar los puentes que me separan de ti. De ti que estás sufriendo, de ti que llevas la herida de un destino incierto, de ti que tienes miedo, de ti que has sido cazado por el dolor y la amargura. 

Cada uno de mis pasos es tuyo, cada voluta de oxígeno, cada palabra desprendida de este discurso ambiguo y sin tildes, escarchado de llamas, oloroso como un huerto explosionando bajo un parto de abril

Por amor al amor me levanto cada mañana.

Por amor a ti. Por amor a la vida.

Los seres humanos somos lanzados al vértigo de la vida sin manual de instrucciones, sin máculas ni pecados, sin conciencia ni  valores, sin más sentimiento que la pura necesidad de supervivencia. Todo vendrá determinado según lo que recibamos.

Por eso a amar se aprende amando.

Gracias por estos 25 años.

Seguimos caminando, aprendiendo juntos.

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Hace apenas unos días amaneció gris.

Unos corrieron a refugiarse a sus casas, otros tuvieron que acudir a los hospitales.

Se apagaron los besos y se detuvo el cobijo del abrazo.

El cielo se había cubierto de desolados paraguas que tapaban el sol.

Amar se había convertido en el único verbo capaz de conjugarse consigo mismo.

Sin embargo, la primavera sigue brotando en los jardines, en los barrancos y entre los prados, en esas miméticas macetas que florecen con el sólo milagro de la vida.

El calendario no ha sabido detener su camino. Tampoco el ser humano.

Querido amigo, querida amiga:

vas a ganar la batalla porque el mundo necesita tus manos, tus ojos, la luz de tu alegría y el brillo de tu sonrisa.

Detrás de las ventanas huele a romero, hierbabuena y manzanilla. Detrás de las ventanas huele a esperanza. Detrás de las ventanas te están esperando.

Ganarás esta batalla.

Ganará la vida.

Es tan absurdo, tan denigrante...

es tan necesario necesitarte así,

en la planicie de los días laborables

cuando el tiempo se detiene, rutinario,

en la estática aventura de la vida.

Y descolgar el teléfono

y decir: "te quiero",

y que sea cierto.

"La Revolución del Llanto" Ediciones Torremozas

A menudo, el amor nos pide
una limosna en cualquier esquina.
Pero nunca llevamos esa moneda,
o rehuimos su mirada,
o salimos corriendo temiendo su asalto,
o no es el día propicio para la caridad,
o, sencillamente, estamos sordos de no escuchar.
Lo cierto es que, a menudo,
el amor pide limosna en una esquina
y nos negamos, ciegos,
creyéndonos hartos de tanto dar.

"La Revolución del Llanto" Ediciones Torremozas