Bienvenidos al hogar de mi alma

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TODOS LOS DÍAS

El tiempo, de repente, se ha convertido en un minúsculo cronómetro con los granos de arena limitados.

A veces parecen repetidos. Otros suenan a presentidos. Y los que menos, a sorprendentes. Hemos entrado en una línea tan horizontal como la innecesaria soledad del horizonte.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

A los que acaban de llegar a mi vida para llenar las copas de la esperanza.
A los que estuvieron siempre con los brazos abiertos y la luz encendida.
A los de sangre.
A los de aliento.
A los que no sabía que quería,
a los que no sabían que me querían.
A los que se fueron.
A los que permanecen.
A los que vendrán.
A los que nunca se fueron.

El tiempo se acorta a la medida justa que el amor se agranda.

Se vuelve urgente olvidar la voz del dolor para ampliar el susurro de la alegría.

Amo en la justa medida de mi memoria y en perfecto equilibrio de mi corazón.

Estoy a salvo.

Sin embargo, todos los días, sin olvidar uno en mi senil memoria, me acuerdo de todos aquellos a los que amo.

EL CORAZÓN

Y ahora, ¿Qué hacemos con el corazón?

Podemos guardarlo en una botella, en una botella pequeña de esas que atesoran barcos sin naufragio, mínimas madreperlas con sabores dispersos, malecones azulados en la inmensidad acuosa de un recuerdo impreciso.

El corazón sabe nadar y sobrevive a la propia emoción del instante, al segundo pertinaz de una herida no presentida.

Ese corazón que atesora el debe y el haber de nuestra historia y permanece mudo, perfectamente tímido tras su estructura impertérrita de natural relojería.

El corazón sabe nadar y se libra de cualquier naufragio. Siempre encuentra la superficie. La playa perfecta. La luz.

AMO AMAR

Amo amar.

Hoy ha amanecido sábado. 
La ciudad desprendía un olor a rutina, a sencillez de mercadillo, 
baldosas amarillas buscando ofertas, 
melocotones en almíbar o 
la frescura lírica de cerezas que se exceden de pura redondez, 
tal livianamente persuasivas. 

Hoy ha amanecido un sábado amor. 

Teníamos una cita.

Una cita de esas que liberan todos los pecados,
rememoran todos los recuerdos, 
revitalizan la neurona de la felicidad. 
Citas que se balancean entre los silencios presentidos 
y las palabras abocadas a la luz del olvido. 

Amar es divertido 
y es la única medicina para curar la mortalidad.
 

MARTES 16 XL: Por amor al amor

Por amor al amor me levanto cada mañana.

Abro las ventanas, saludo al nuevo día, mientras una brisa de incontable alegría se instala en los adoquines desgastados por el uso del camino. Y cada paso es destinado a cruzar los puentes que me separan de ti. De ti que estás sufriendo, de ti que llevas la herida de un destino incierto, de ti que tienes miedo, de ti que has sido cazado por el dolor y la amargura. 

Cada uno de mis pasos es tuyo, cada voluta de oxígeno, cada palabra desprendida de este discurso ambiguo y sin tildes, escarchado de llamas, oloroso como un huerto explosionando bajo un parto de abril

Por amor al amor me levanto cada mañana.

Por amor a ti. Por amor a la vida.

DÍA 72: Aprendiendo a amar

Los seres humanos somos lanzados al vértigo de la vida sin manual de instrucciones, sin máculas ni pecados, sin conciencia ni  valores, sin más sentimiento que la pura necesidad de supervivencia. Todo vendrá determinado según lo que recibamos.

Por eso a amar se aprende amando.

Gracias por estos 25 años.

Seguimos caminando, aprendiendo juntos.

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