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Homenaje a mí misma


Recuerdo que nací hace años, era tan pequeña que ya ni el odio de la dictadura me rozaba,
ni el hambre, ni el silencio, ni siquiera la emergente divinidad de los eternos arcángeles vengadores del pluscuamperfecto purgatorio.
Nací virgen y excéntrica, botón de mayo,
recién vestida para tomar la primera comunión de los cálices del viento.
A lo lejos, más allá de la frontera de osborne y el seiscientos,
se respiraban margaritas, volutas de humo de hierbas libertarias con sabor a eternidad.
Una playa que nunca llegaba y estaba detrás de una colina.
La televisión en blanco y negro, el ángelus a mediodía, y el sol entrando por los ventanales del mundo como si la vida acabara de empezar en ese instante en el que nos imaginamos felices.
Ese instante que no se vuelve a repetir nunca.
Nacer es un segundo en el tiempo inmemorial del infinito baldío.
El resto es solo la cómica representación de nuestro propio sueño que se va alargando hacia el pozo inclemente del adiós.
Recuerdo que nací hace años, casi siglos, y el mundo parece no haber cambiado
salvo por este vértigo que da asomarse al balcón de la vida y verse, cada vez, más cerca del olvido.

4 comentarios en “Homenaje a mí misma

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