Bienvenidos al hogar de mi alma

Desenredando la infelicidad

Al final va a tener razón, Marifeli, aquel que acabó planchando huevos y friendo corbatas. El mundo está patas arriba, y no es que yo tenga especial preferencia por el orden y los métodos establecidos, que ya me conoces tú en mis desvaríos y rarezas genéticas, pero es que hay ciertos discursos que ya suenan como a tontuna colectiva e idiotez extrema.
Y es que vivir en un mundo de felicidad plastificada tiene estas terribles consecuencias.
Nos miden la cintura pero no el cerebro.
Nos controlan la cuenta bancaria pero no el bolsillo.
El amor se encuentra en un plató de televisión y tu único oficio es enseñar la abominable musculatura de tu ignorancia (y viceversa).
La luna está demasiado lejos y la verdad viaja entre los asteroides del miedo, organizando órbitas de palabras inútiles.
El miedo lo ocupa todo y la desgana es la reina de todos los postres, por eso seguimos aplaudiendo coronas y cuernos a partes iguales.
Hemos tocado fondo sobre el rancio andamiaje de una sociedad sin suelo porque elegimos el oscuro palpito de las cavernas antes que el dulce crepitar de un horizonte sin velos.
Hoy es el momento de comer manzanas y polen.
La infelicidad vive en el sollozo extremo de la ignorancia, en el estable galeón del conformismo, en el enamorado laberinto de nuestro propio tanatorio.
No vamos a esperar más, despleguemos la luz, este es el instante, y mañana siempre es tarde para retomar el vuelo.

2 comentarios

  1. begoña

    Esa sensación… ay, amiga, cómo la comparto… Pero es imposible decirlo más bonito. Imposible.
    No dejemos de buscar ese pedacito de cielo iluminado. Que no se nos olvide que la felicidad es otra… que cada uno tiene la suya.
    Gracias por recordárnoslo otra vez.

    • Sacra Leal

      Gracias a ti, Begoña querida, por seguir viniendo a tu casa y llenarla de luz. Besosssss grandessss.

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