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Cuando los hijos se vuelven verdes

Una vez han cortado el cordón umbilical, tus hijos dejan de ser tuyos para pasar a formar parte del mundo. Mundo que una sueña plácido, excitante y sincero, pero que no siempre resulta ser así. Por eso un día dejan de ser las cándidas criaturas que retozaban felices en el paraíso acuático del útero para teñirse de verde y venirte con el cuento de monstruosas anatomías imposibles. Es lo que tiene haber nacido mujer con vocación de madre, que, a pesar de todo, se sigue pariendo cada día, casi con los mismos dolores de aquel lluvioso enero.

10 comentarios en “Cuando los hijos se vuelven verdes

    1. Sacra Leal

      Me alegra que me lo digas precisamente tú, que sin tener útero, has sabido amamantar y parir tres criaturas como tres soles. Sabes que en mucho eres mi referente y que ahí seguiremos, pariendo y pariéndonos eternamente.

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  1. Loli

    Ni te cuento reina lo que se avecina, si sólo se volviesen verdes aún sería facil entenderles pero me temo que el espectro del arcoiris va a ser mucho mas amplio, lo que nos queda por parir...

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  2. juana

    Dicen que nosotros creemos que tenemos a nuestros hijos, pero resulta que son ellos los que nos tienen a nosotros .... en cuanto te miran por 1ª vez, o quizas antes, nos han atrapado sin remedio .... los enseñamos a volar lo mejor que sabemos, para que ellos vuelen solos y libres .... siempre un placer sentirlos volar ....

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    1. Sacra Leal

      Que razón tienes, Juana... yo creo que es nuestra única misión: dar alas aunque, a veces, sólo sea para que se peguen sus certeros porrazos. Imagino que así es como hemos aprendido todos. Pues eso, benditos vuelos. Gracias por seguir asomándote a esta casa tuya. Besos grandes.

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  3. PILAR

    Hola Sacra, ¿y quiene no se ha aporreado alguna vez al iniciar el vuelo?...Lo que ocurre es que enseguida olvidamos nuestras alas, para que ell@s continuen trazando identico y genuino sueño. Es un dulce placer fundido de amor y nostalgia contemplar dicho vuelo.
    Un abrazo Pilar....

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    1. Sacra Leal

      Gracias Noah, lo mío me costó darle este horripilante tono y lo suyo le costó, después, quitárselo. Pero es que los niños son así, insistentes hasta decir basta.
      Un abrazo, amiga, siempre llenísimo de cariño.

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