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1 DÍA ANTES DE NAVIDAD: NOCHEBUENA

No es culpa de los peces que beben y beben y vuelven a beber. Tampoco lo es del tamborilero con su ratataplán. Y qué decir de la campana sobre campana o aquella burra cargada de chocolate que sabe Dios dónde iría con tanto dulce, de noche y sin inventarse los afters.

La culpa es del desánimo. Ver como la vida crece hacia adentro, hace raíces en la memoria y te encuentra, conduciendo sin frenos y cuesta abajo, por una autopista donde no hay salida. Ni vuelta atrás. Solo el ruido del recuerdo, el hartazgo de las suelas o el crepitar imprevisible del llanto, ya sin motivo.

Y cualquier noche puede ser buena y cualquier mañana navidad. Todo es relativo, singular e irrepetible. Depende del cristal con el que se mira.

El de una botella de buen vino suele ser el mejor.

2 DÍAS ANTES DE NAVIDAD

Me va a poner tres bigotes de gamba congelada (la de Santa Pola se ha disparado, no sé si por inclemencias del tiempo, protección medioambiental o imprevisiones abusivas de última hora).

De segundo una raspa de besugo. Si cae alguna escama no importa. La nouvelle cuisine se presta a todo. La mezclo con mayonesa e igual invento un nueva delicatesen. Vaya usted a saber.

Necesito poner algo de verdura, por aquello del equilibrio metabólico. ¿Qué tal esas hojas de coliflor? ¿Están pochas? No, hombre no, están desestructuradas. Eso se lleva mucho en la gastronomía actual.

Y para postre… media docena de mascarillas. Sí, de las de FFP2, que más que protegerte del virus parece que te van a acompañar en una aventura galáctica. Sé que no voy a poder resistirme al dulce de algún beso, al almíbar de una caricia o a un te quiero susurrado bajito. Ya ve usted, soy así de golosa.

Este año no quiero turrones ni licores, igual se me dispara el test de antígenos y me sale positivo en embarazo. A estas alturas y con estas menopausias.

Por cierto, ¿le quedan zambombas? Prometo cantar los villancicos en el más estricto y silencioso playback, como si solo transitara el plumón de un ángel enfermo y desvalido, como si todo fuera un sueño en la recóndita fuente de la memoria. Como si nada de lo vivido fuera cierto. Como si nada. Como si todo. Como si nunca.

3 DÍAS ANTES DE NAVIDAD

Verás como no llego a tiempo. Me siento como una bola en la lotería de navidad: perdida, inútil y bastante prescindible.

Imagínate que soy una decena cualquiera que sigue perdida en la vorágine feroz de un centrifugado permanente. Y nunca desciende. Y ni siquiera sabe si quiere caer, nacer por ese útero metalico y perfecto, tan íntimo y caótico como el túnel del éxito. Soy el número olvidado. El que nunca nace. El que ni siquiera sabe que existe. Pero es navidad y toca jugar a perderse entre la multitud. Igual cualquier día, por causas del azar, sea el primero en abrir las noticias. Mientras tanto, como el hambre o las injusticias sociales, seguiré dando vueltas buscando una salida imaginaria.

Feliz suerte. Feliz vida. Feliz navidad.

4 DÍAS ANTES DE NAVIDAD

-Buenos días señorita boticaria, vengo a por un test de antígenos no vaya a ser que me pille la Nochebuena sin villancico y con virus. Resulta que este año nos toca cenar en casa de mis suegros y, ya sabe, son mayores (mano a mano decoraron las cuevas de Altamira). Y ya que estamos me va a dar, también, un test de embarazo ¿se imagina que el año nuevo me traiga una barriga, más allá de la provocada por los polvorones? Un hijo a estas alturas puede ser el mejor regalo de Reyes, ríase usted de la mirra, del oro y del incienso. Sal de frutas también. El cordero a veces se me indigesta. Y ya que estamos, algo para las flatulencias, el atasco intestinal y las almorranas. Más vale prevenir que padecer tontamente. También va a ponerme en el lote un lubricante, con sabor a fresa, y algunos profilácticos con sensibilidad extra. Después de estos meses infames de pandemia quiero vivir la vida con toda su intensidad.

-María Fernanda, le queda un mes para cumplir los ciento quince. Es soltera, no tiene pareja y nunca ha tenido hijos. Tome su medicación. Nos vemos el mes que viene. Feliz Navidad.

-Las farmacéuticas, como siempre, quitándole la ilusión a cualquiera.

LA FOSA COMÚN

Ya lo verás.

Al final todos iremos a la fosa común.

Con los paliativos precisos de un amor distorsionado, permitido, olvidado o, casi, presentido.

Somos hijos e hijas del amor y del insomnio, o quizá no.

O tal vez también.

Podemos ser el eco perdido de una mentira que gravita sin rumbo buscando una verdad que nunca será cierta.

Si estamos muertos o vivos da igual.

Lo veremos en el fondo de la última sílaba de una sinalefa.

Es el destino desatinado que nos empuja al infinito.

No lo dudes, amor.

Todos iremos a la fosa común.

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