SUPERVIVENCIA EMOCIONAL

Bienvenidos al hogar de mi alma

Mi padre se ha ido de viaje

A la vida se le ha ocurrido, de repente, mandar a mi padre de viaje.

Nadie lo esperaba.

Ni siquiera había desempolvado la maleta del armario, planchado las camisas o bordado sus iniciales en los dobladillos de la memoria.

Los ojales aparecían descuidados buscando botones despistados. Las cremalleras no sonreían y un pespunte de acelerada tristeza creaba vainicas dobles entre el sabor de vainilla y el crujiente de chocolate.

Se ha ido de repente.

Con la velocidad de la luz.

Nadie nos avisó.

Hemos quedado huérfanos sobre la distancia permeable del recuerdo.

Sobre la inmortalidad permanente del olvido.

Adormecidos en la vigilia eterna de los siempre vivos.

Mi padre se ha ido de viaje sin maleta y sin avisar.

«Desnudo como los hijos de la mar«.

Sólo vestido de amor.

Espéranos. Nos queda suspiro y medio para reencontrarnos.

LAS LUCES INTERMITENTES

A veces las luces parpadean.

La luz del faro que ha guiado el camino.

La luz intensa de la primera verbena.

La luz que tintinea en las noches de agosto sobre la cima del Cid.

La luz que guía a los Magos hacia el sendero de Bolón.

Las luces parpadean porque hacen guiños a la eternidad y desafían a Dios.

Y la vida, entonces, pone el intermitente hacia cualquier lugar.

UNICORNIOS AZULES

Los unicornios no son una propiedad. Y, mucho menos, los azules.

Los unicornios planean sobre la memoria inmemorial del mundo.

Se alzan sobre las miserias del silencio, sobre el mortecino llanto, el hambre y la tristeza.

Vuelan sobre la deshilachada soledad del mundo mudo que muere de amores y de infinitas ausencias.

Planean sobre el niño que llora.

Alientan a la madre que esparce su útero, como una copa de paz viva, sobre la tierra.

Y al hombre celeste que pide lluvia y espacio para respirar.

Los unicornios azules son el rocío que alimenta el prado yermo de la desmemoria.

Son el patrimonio universal de nuestra alma.

El futuro de la esperanza y la luz.

La imaginación es el único paraíso en el que la libertad se vuelve real.

LA MEMORIA FRÁGIL

La memoria, de repente, se nos vuelve frágil.

Todos somos emigrantes.

En algún momento hemos sentido la lanza del desprecio. La herida del abandono. El desgarro de la humillación.

El mundo es un infinito campo de refugiados abonado por los huesos del llanto.

Hemos entrado en el bucle descarnado del desaliento.

En el desordenado caos de la desmemoria.

Si ellas no pueden ser libres.

Yo tampoco.

LUTO

Para todas las madres que han perdido a sus hijos.

Para ti, Mercedes, desde el corazón.

Se me ha amontonado el luto como se aglutinan las moscas ante la miel del verano.

Como se desperdician las manos en los andenes vacíos tras la salida del último tren sin pasajeros. Un tren que se escapa, indecente e imprevisible, con la maleta perdida que guarda el aliento de nuestra propia vida.

Se ha quedado pequeño el latido, tan minúsculo como una porción desmemoriada naufragando en el último capítulo de la esperanza.

Y ya nada parece que sea real, salvo este impulso visceral de descorrer las ventanas para lanzarse al vacío del olvido.

Y que todo vuelva a empezar, y que el vientre se dilate, de nuevo, como una nube de inmaculadas esencias. Útero azul hospedando la eternidad.

Sin embargo, el vacío de ti, como un enjambre de euforia desbocada, toma asiento en el salón.

Sabes que ya nunca volverá el paisaje de antes, aunque el camino, jalonado de silenciosos cipreses, empuja. Cada guijarro impone un nuevo punto de sutura.

Ahora toca sobrevivir.

Se nos ha amontonado el luto.

Imposible vencer al dolor con un solo corazón.

« Entradas anteriores