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A veces da la impresión que caminamos contracorriente, nos escondemos en el silencio o erigimos parapetos en torno al denostado olvido. Queremos simular una normalidad de hormiga laboriosa mientras añoramos cantos de sirenas disfrazadas de cigarras en el mismo yacimiento de la melancolía. Nuestra única voluntad es ser felices por encima de nuestra propia felicidad, por eso nos impacta sabernos libres e imperfectos, tetrapléjicamente dispuestos al latido y a la espera.

Y nos asusta esa voz de niño huérfano que nos pide pan de luz desde el fondo imprevisible de nuestra alma, mientras caminamos sordos hacia el malecón donde los suicidas engalanan sus íntimos mausoleos de sal y ámbar.

A veces parece que vivimos con el sol colgado de la espalda mientras una lámpara de aceite tirita entre los dedos, entre la huella fugaz de la memoria.

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ODA A LAS AMÉRICAS  (fragmento)

 Américas purísimas,

tierras que los océanos

guardaron

intactas y purpúreas,

siglos de colmenares silenciosos,

pirámides, vasijas,

ríos de ensangrentadas mariposas,

volcanes amarillos

y razas de silencio,

formadoras de cántaros, labradoras de piedra.

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Abro los brazos y abarco el mundo

y me lleno de pájaros azules la mirada del viento

sobre el alfeizar inmundo de los días iguales.

Me visto de brisa azul,

de tiempo detenido en la lontananza del deseo

de clamorosos rictus entre alas y besos

que inician el sendero del imposible viaje.

Acaba de amanecer sobre el eco del tiempo

y el llanto se desvanece

enredado en las cortinas de la adormidera marchita,

más lejos de la íntima raíz silenciosa

que alumbra soledades sobre los pozos ciegos.

El horizonte recién se ha peinado de aurora

y yo estoy aquí,

esperando un milagro que nos devuelva la sed

sobre este imperio de esperanzas rotas.

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Pues sí Mariasanta que ya he vuelto. Igual pensabas que había dejado este vicio mío de enredar palabras, hilvanar sílabas o adobar las tildes entre sofritos y remiendos, que es verdad que entre unas cosas y otras se nos pasa el día y la noche nos ataca por la espalda sin avisar siquiera, pero ¿qué quieres que te diga?... igual que siempre se sacan unos segundos para robar un beso, colarse en una pastelería o cruzar la calle con el semáforo en rojo, yo encuentro ese espacio íntimo y vacío, para llenarlo de improperios varios, pensamientos dobles o enconados gritos de rabia infantil enamorada. Que una ya no está para ir desperdiciando el tiempo y querer ganarle una batalla al calendario, ni para enredarse en trifulcas endemoniadas con el estrógeno y la libido, ni siquiera para permanecer intacta en los álbumes familiares, donde siempre parecemos unos recién condenados a muerte. Hay que sacarle partido a la luz, al latido y la memoria para dejarse llevar por esta marea de lluvia inicua que nos hace soñar, todavía, con eternas revoluciones llenas de claveles y mariposas. Que sí, Marisanta, que he vuelto y esta vez, por más que te pese, para quedarme entera.