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Es tan absurdo, tan importante, tan denigrante…

es tan necesario necesitarte así,

en la planicie de los días laborables

cuando el tiempo se detiene, rutinario,

en la estática aventura de la vida.

Y descolgar el teléfono

y decir: “te quiero”,

y que sea cierto.

 De “La Revolución del Llanto”  (Ed.Torremozas-1994)

12

Sobrevivir a los días soleadamente grises,

a la impostura fugaz del mimético calendario,

a los santorales sin fe, sin nombre, ni milagro.

 Sobrevivir sobre las costuras que supuran olvidos,

más allá de las cortinas que ocultan la lluvia,

más al fondo de los cobrizos bolsillos

que guardan feroces ausencias como lágrimas de viento.

 Sobrevivir a través de las camas, los trampolines y el eco,

sobrevivir pese a las íntimas esquelas,

pese al gozoso nacimiento, al lírico andamiaje de  los caóticos besos.

 Sobrevivir mientras supura la herida de estar vivo,

el intangible aliento de las letales letanías,

el vuelo impreciso del enconado miedo,

la presencia omnipresente del dolor y sus arcángeles.

 Sobrevivir más allá de mí misma,

de mi mismo vuelo.

Sobrevivir, sobrevolando la risa, rasurando el deseo.

Descarnadamente imprecisa, beoda y liviana,

satánicamente aposentada en la vibración del olvido.

 Para así ser, entre el mimetismo de las fotografías rotas,

la huella indeleble que se resigna a vivir, pese a todo,

más allá del frutal enigma de las murallas.