Una adolescente, una vecina loca y una menopausia galopante

lo que queda por venir
Ya lo dijo uno de esos filósofos del siglo XXI:
“la vida es un videojuego que cada nivel con el que te encuentras es peor que el anterior”.
¡Qué razón tienes Mario-Socrates-Bros!
A diferencia del resto de mortales, y de algún que otro difunto, yo estaba deseando que acabaran las vacaciones (las vacaciones de los otros, por supuesto);
y rezando estoy porque se acaben los calores (los externos y los internos… los propios y los ajenos)
Si hoy tuviera que pedir tres deseos, frente a la hipnótica lámpara de Aladino, lo tendría bien claro:

  • Que a mi hija el tiempo la dejara así de espléndida, inocentemente enamorada, vigorosamente despierta, sensualmente imaginativa y titánicamente inconformista.
  • Que a mi vecina la barriera un maremoto de cordura.
  • Y que este declive de mujer, galopando cuesta abajo, termine pronto.

Estas han sido mis patéticas vacaciones de verano pero supongo que, como en los videojuegos, lo peor está por venir.

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La soltería dosificada

Soledad

Pues sí, Marivirgin, soy soltera pero…sólo un poco. De cintura para arriba que es como más me gusta a mí. Ya sabes, el resto de geografías, más del sur, van independientes. Se mueven por sí solas. Por esas pasiones incontrolables, llenas de melaza y manzanas, agua destilada y carámbanos de lluvia.
Yo, en realidad, quisiera ser madre de familia numerosa, abuela de ejércitos de nietos, multitudinaria guía de sanguíneos regueros, eslabón genético de una humanidad que palpita sobre el desconstruido mundo de los frágiles esqueletos.
Pero ya ves, soy virgen en algunos paisajes. Y soltera pero… sólo un poco.
Hay lunes que me levanto con la hoguera ardiendo sobre el monte de Venus,como si un pirómano descuidado hubiera lanzado un cigarrillo en medio de la frondosidad, casi intacta, de mi oculto paisaje.
En cambio, hay sábados, que me visto de Antártida y todo el horizonte, trémulo y transparente, se queda estático, con el temblor primigenio de la desmemoria.
Yo elegí ser así de excéntrica.
Elegí beber de mi soltería a pequeñas dosis.
Elegí reconstruirme el himen y la decencia según me apetecía.
Porque, aunque tú no lo creas, Marivirgin, la soledad es un estado del alma, el resto, sólo la conveniencia fugaz de una sociedad en franca decadencia.

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Menos mal, pero…

Forges elecciones

Menos mal que yo estaba allí cuando abrieron las puertas de la libertad,
cuando abolieron la pena de muerte,
cuando desencarcelaron a los presos políticos,
cuando, por fin, se podía recitar a Lorca, y a Hernández, y a Neruda.

Menos mal que puse aquel voto en una urna palpitando de esperanza,
bajo el símbolo demoníaco de los encarnados enamorados,
sabiendo que mis muertos,
y los muertos de España,
me miraban con las cuencas pletóricas de gusanos desembarazados del miedo.

Menos mal.
Menos mal que tengo los suficientes años como para no rendirme,
como para no olvidarme.
Hace tiempo que hice la digestión y ya sólo regurgito esperanza.

(Lo que no sé es por qué lloro,
tan a menudo,
sobre estos dilapidarios retrocesos del calendario.)

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Crecer… crecer

crecer
No nos queda más que crecer, hija mía.
Crecer hacia arriba,
hacia el suelo,
hacia el epicentro de la duda y la memoria.
Hacia el mismo infinito inexplicable de la ausencia.
Hija mía,
es nuestro único destino,
mi único legado,
la filosofía errante de mis pupilas.
El colofón distraído de mis latidos.
Crecer en el latido y la sonrisa,
en la perpetua insistencia de los errores,
en las mínimas huellas de los aciertos,
en la luz y en la sombra,
en la fugacidad de los besos.
He aquí el testimonio de mis vísceras.
La única verdad que hoy conozco.
Crecer…crecer…crecer.

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Sin tiempo para el tiempo

abrazo

Me acabo de dar cuenta que me estoy quedando sin tiempo.
Sin tiempo para escribir, para leer, para soñar,
para definirme en todos mis costados,
incluso en los que desconozco, olvido o ignoro.
Sin tiempo para el beso o el abrazo.
Sin tiempo para el tiempo.
Desde que le quitaron la cuerda a los relojes nos amputaron el placer del segundo.
Todo está tan automatizado que hasta el orgasmo lo controlan los satélites.
Me acabo de dar cuenta que me queda poco tiempo,
también,
para el orgasmo.
Un orgasmo febril, simpático y vespertino.
Un orgasmo de líricas neuronas y células marchitas.
Siempre que no me mate el infarto inclemente de la tristeza
seguiremos apostando por el fuego fatuo de la esperanza,
por el olor de los besos en las esquinas redondas
y por los abrazos eternos, esos que te llenan de astillas y jazmín los surcos de la memoria.

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No hay dos sin tres, y a ti te encontré en el parlamento

No hay dos sin tres

Me encanta la sabiduría popular.
Los refranes, las frases hechas, las explosiones de gramática descreída, las patadas al diccionario con la beatitud de los inocentes, y los sortilegios desbocados en las plazas de los pueblos, en los que siguen ardiendo brujas-diosas en honor a la Madre Naturaleza, siempre tan impúdica, tan desnuda.

Me encanta re-inventarme en las voces arcanas de mis muertos.
Los que murieron de enfermedad,
los que murieron sin quererlo,
los que pensaban demasiado
o los que, sin pensarlo, se encontraron con una bala entre las cejas.

Me encanta vivir en estos tiempos tempestuosamente activos.
Por fin la magnánima comedia ha llegado al parlamento.
No hay dos sin tres.

Sigamos.

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Supervivir, sobrevivir y no morir en el intento

sobrevivir
Hoy no me han declarado una enfermedad terminal.
Tampoco me apetece suicidarme.
Mi nivel emocional fluctúa, como siempre, y hay ratos que me siento eufórica y, otros, como una malva.
No me apetece ser española, ni europea, ni siquiera terráquea.
Pero me siento feliz.
O no.
En la línea imaginaria de la mitad de mi vida
estoy más perdida que nunca.
He llegado a la cumbre de la sin razón.
Yo tampoco, si pudiera,
hubiera elegido el olvido de los monos.
Retomo el vientre.
Que os engañen a otros.

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No queréis que me moje

sin miedo

No queréis que me moje.
Yo tampoco quiero hacerlo.
Pero mi abuelo me dijo: “el que no se moja no coge peces”.
No queréis que me moje.
Hay un gris decrépito cayendo por las venas morales del mundo.
Se ha perdido el romanticismo de los sueños.
El respeto es el vocablo olvidado de todos los diccionarios.
Se está olvidando conjugar el verbo amar.
No queréis que me moje.
Pero mi indiferencia salpicará vuestro silencio.

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Vivimos tiempos rarunos

energia positiva
Vivimos y respiramos.
Hace algún tiempo pienso que el oxígeno debe ser, al fin y al cabo, mi único aliado.
El resto es pasajero, impredecible y, hasta, insoportable en algunas ocasiones.
Los amigos, las filias y las fobias son sólo pellizcos pasajeros que te ofrece este destino caprichoso y, a menudo, antipático.
Vivimos tiempos rarunos.
Vivimos tiempos.
Vivimos.
Y yo los sigo amando, a pesar de todo.

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¿Y si me “desapunto”?

y si me desapunto
¡¡Ay Marihisteria!!… ¡¡tenía tantas ganas de hablar contigo!!
Han pasado un montón de cosas desde que no hablamos…
Ha cambiado el gobierno, bueno, está en paréntesis como la juventud de mi hija y mi propia menopausia.
He cambiado el calendario.
Las pastillas de la tensión y la marca de la leche, ahora la tomo sin lactosa, cosas de la edad, supongo.
Reconozco que la vida me gusta, me excita, me enamora,
pero también es cierto que, en muchas ocasiones,
se me hace muy cuesta arriba.
Demasiados vértigos.
Demasiadas incógnitas.
Demasiados pecados incidiendo en la beatitud de un suspiro.
Vivir es lo que tiene: la sorpresa de ese instante que nos limita o purifica
en el eterno albor del pensamiento.
Por eso a veces, sólo a veces, me pregunto: ¿Y si me “desapunto”?
¡¡Ay Marihisteria!!…¡¡qué ganas tenía de hablar contigo!!

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