Bienvenidos al hogar de mi alma

Pequeña sinfonía de alas y palabras

Para Rafa y para Álvaro

Venía a comer en su balcón con la esperanza de las migajas disueltas en el calendario. Se alimentaba con poco: algunos restos de pan, una gota de leche acurrucada en el alfeizar o la fibra disimulada de una díscola hoja de lechuga.
A hurtadillas y todavía con sueño, se encaramaba a dos patas, ahuecaba las alas y dejaba entonar un tímido piar como la canción antigua de las madres insomnes. La casa, entonces, se llenaba de ventanas despeinando el levante de las cortinas y en sí misma florecía con una destreza innata de abrazos y de flores.
La bautizó como Pepa porque traía el aroma de salitre y libertad de la caleta de Cádiz y sintió como si llevara volando muchos años, casi doscientos, por el cielo desértico de la tolerancia.
Me enseñaron a amarla y esperar su llegada en las madrugadas limpias de abril, sabiendo que, a menudo, las inclemencias del miedo le harían cambiar el rumbo de nuestra cita.
Ella siempre fue fiel, adivina los corazones de los amores sencillos y quizás algún día, antes de que llegue el adiós para las alas y el beso, venga a despedirse con una rama de olivo prendida en la memoria de la esperanza.

6 comentarios

  1. capitán garfio

    que chulo cariño…me encanta…gracias por existir, ser y estar
    un beso grande para ti
    y varios para los de la foto…jeje

  2. Rafa/E9

    Muchas gracias hermanica, es precioso.
    Mañana le pondré a Pepa doble ración de tu parte para que pie con alegría en tu honor.

    • Sacra Leal

      Tenemos que alimentarla que, tal y como están las cosas, igual elige otros destinos.
      Os quiero.

  3. Rafa/E9

    Un abrazo y muchos besos para ti y tu tripulación Capi.

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