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yo-soy-la-reina
Soy mi reina y lo sé.
Ayer mismo me ajusté la corona, la faja y la memoria.
Me noto el útero suelto y las vértebras descabaladas.
Apenas me quedan muelas y el hígado me suspira como un moribundo sin la extrema unción.
Sin embargo, sé que soy mi reina,
lo percibo en mí misma, en mi memoria,
en el último aliento de este desequilibrio hormonal que me habita.
En este llanto prematuro que, aunque nadie lo entienda,
anuncia una puerta cerrada sobre el torrencial de la infancia,
sobre la fluidez, ya caduca, de mi juventud marchita.
Soy de esas reinas republicanas que viven su exilio con la dignidad enamorada del recuerdo perpetuo
pero que se resisten a la partida definitiva,
al hoyo profundo del último eco.
Soy mi reina y lo sé.
Y domino el paisaje que rodea mi subsistencia.
A veces con el acierto preciso de una diosa magnánima,
otras, la mayoría, como la eterna principiante sobre el trémulo cabalgar de la vida.
Soy mi reina y...
lo sé siempre que no se me olvida.

trumph
Definitivamente el dinero está por encima de todo.
Así se explican ciertas decisiones "democráticas" a las que hemos asistido, persistido y desistido en los últimos tiempos:
Gobiernos corruptos, aplaudidos y vitoreados.
Presidentes xenófobos, misóginos, homofóbicos y mal peinados.
Seres mal educados, antipáticos y groseros y, con tan mal gusto que no saben combinar la corbata con la cremallera de la bragueta.
Seres ínfimos, insensibles y despreciables.
Seres que dominan el mundo.
¿Quién les vota?
El dinero está por encima de todo y de todos.
Como diría el maestro Galeano:

Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes, porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.
Es más libre el dinero que la gente.
La gente está al servicio de las cosas.

Pero también en el siglo XVII el maestro Quevedo se refería a lo mismo.

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.
....
Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿Hemos entrado en un bucle monetario del que no podemos salir?
¿En una democracia fingida tan cómoda como antipática?
¿En una decadencia tan evidente que ya no queremos ni reconocerla?