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a mi padre en su 80 cumpleaños

Parece que fue ayer.
Éramos pequeños -más pequeños que hoy mismo-.
A través de la niebla del tiempo,
el rumor de las rocas,
la soledad de las lágrimas perdidas y encontradas,
hemos prendido una hoguera
aprendida de los días sin viento y las noches sin luna.
Parece que fue ayer.
Y ciertamente fue ayer mismo.
Cuando el mundo era en blanco y negro,
cuando todavía quedaba la fe y las flores suficientes
para coronar vírgenes en el mutismo del silencio.
Eran otros tiempos.
Éramos pequeños -más pequeños que hoy, más infinitos que ayer mismo.-

Feliz cumpleaños, papá.
Porque 80 años no son nada.

tocarfondo
La política no es cuestión de creencias ni ilusiones.
Ni el amor tampoco.
No tengo tiempo para la fe.
Ya no me quedan ganas para las complacientes verdades veladas de la esperanza.
El tiempo se me agota.
Se ha terminado el aliento lívido de los ángeles comiéndome la nuca,
de Satán desgarrándome la camisa entre balances inconclusos y presupuestos imposibles.
Ya tengo edad para pedir resultados a mis apuestas emocionales,
a mis sueños decapitados,
a esos votos que han dado voz y nombre a pesar de las revueltas del alma y sus silencios.
Ya voy a pedir responsabilidades.
He dejado todos mis impuestos emocionales a vuestra merced.
La confianza desbordada por las fuentes de mi llanto.
Y ya no sé si el balance, a estas alturas,
ha resultado positivo.
Estoy al borde la bancarrota
y los sueños se han decapitado en el mismo horizonte de la desesperanza.
He tocado el fondo.
Voy a pedir responsabilidades.
Ni el amor ni la política es cuestión de fe.
No tengo tiempo.
Nadie tiempo...ni esperanza vacía.

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Gardenias para zis zas teatro

Existen días con sol, días con lluvia y días con teatro.
Existen palabras de culpa, de disculpa, de cariño y palabras de teatro.
Existen abrazos silenciosos, pecaminosos, imperceptibles y abrazos de teatro.
Existen llantos por la ausencia, por el odio, por el amor perdido y llantos de teatro.
Existen saludos para el adiós, para la bienvenida, para el esperanza, y saludos de teatro.
Porque existe vida más allá de la vida, existe el teatro.
Somos eternos.
Somos teatreros.
Os quiero.

Gardenias para Jacinta y para Zis Zas Teatro

Fotos | Sarai Sánchez y Roberto Artillo

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Llegan nuevos tiempos.
Estamos viviendo unos días de absoluto, excitante y lírico vacío de poder.
Y me encanta.
Es como cuando yo me voy de casa tres días y mi hogar se queda a merced del desorden y la pereza,
de la libertad y la anarquía,
del chocolate a espuertas,
de las pizzas rebosantes de calorías,
de los calcetines del revés y la lavadora lánguida con el suavizante a medio perfumar.
Cuando llego, sigue viva, esperándome con el corazón palpitante de esperanza.
Es así.
Pensar que somos inmortales y necesarios es la peor tontería que pueda imaginar el ser humano.
Todos somos prescindibles.
Afortunadamente.
Y por eso estoy contenta.
España sigue en marcha, como diría el buen poeta.
A pesar del fútbol, de los toros, de las tonadilleras encarceladas, de las caras al sol en las playas de Benidorm.
A pesar de las pataletas antiguas de los que se creían dueños del cortijo gubernamental.
España sigue en pie, y alerta.
España respira y habla.
España tiene voz y se manifiesta.
Estamos vivos.
Somos seres mortales, imperfectos y perecederos.
Somos ese segundo que se vuelve eterno en el inmenso suspiro de una ruta fugazmente magnánima.
Somos el clarividente ocaso que muestra la escuálida luz de una lluvia ingenua a través de los cristales de una historia siempre en movimiento.
Somos la voz.
Somos la palabra.
Somos el futuro.
Porque nuestra voz transciende más allá de este vergonzoso silencio que nos habita.
España se mueve, entiende y perdona.
Pero no olvida.