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                  Para ti, que no lo sabes, aunque intento dejarte pócimas de vida.

Al final somos lo que somos, por más que intentemos evitar al diablo o engañar a nuestra vecina del quinto.
Somos tan mortales como hipócritas, tan libres como placenteros, tan austeramente emocionales como verborreicamente perfectos.
Estamos hechos a Su Imagen y Semejanza.
(Ahora que nadie pida explicaciones ni patrones genéticos de identidad).
Los libros están llenos de personajes y los personajes son, en la mayoría de los casos, jirones de heridas abiertas que se escapan por la húmeda soledad del silencio humano.
Vivimos lo que amamos, lo que sentimos, lo que nos duele.
El escozor en la ingle y la memoria,
la punzada entre el olvido y el hígado,
ese vahído de enquistada soledad en los suspiros que nadie comparte.
Pero también somos esa luz que se escapa sin brújula,
la palabra imperfecta en los labios amantes,
el ojo que reconoce e inventa.
El aroma del jazmín sobre el semen ondulante de la memoria cierta.
Hemos nacido para vivirnos con las puertas abiertas 
y somos lo que somos, más allá de los gurús, los sacerdotes y las pitonisas,
somos una libertad que se expande siempre hacia el fondo de la raíces inmensas de la luz infinita.

Foto | RR Escritor

hisano hisashi 1939
Me dijo:
-No quiero que te cuelgues por mí, soy un espíritu libre y no entiendo de leyes ni normas, de papeles ni firmas, de condenas voluntarias en el nombre del amor.
Yo lo entendí a medias,
sobre todo porque, cuando me despojé del cuerpo,
lo encontré buscándome sobre la cimbreante percha
que todavía olía a roble y vodka.
Nos tanteamos los bolsillos.
Seguimos siendo amantes todavía pese al tergal mohoso
y el desgarro frutal de los díscolos dobladillos.

Foto | Hisano Hisashi-1939

me gusta

Me gusta el olor de las manzanas y el de tu aliento nevado sobre la cordillera de mis senos.
Me gusta saber que me gusta disfrutar del calendario, con sus enconadas escaleras, sus paredes de alabastro y esos herméticos pozos donde jugamos a meternos mano como si Dios existiera y los políticos fueran honrados.
Me gusta jugar a que soy prostituta y que cobro tan poco, que ni siquiera me llega para un primer plato de orgasmo.
Me gusta escribir sobre el clítoris de la memoria y dejarme desbordar por la lluvia ácida de los besos,
me gusta besarme entre los párpados con la lengua sinuosa de la luz que emerge
a través de la lencería de encaje que cuelga de las rígidas cuerdas de tender.
Me gusta tenderme al sol de tus ojos y abandonarte luego.
Me gusta desnudarte con el solaz divertimento del silencio,
y bajar la cremallera con los dientes llenos de ascuas, abrasando los vergeles de los oasis yermos,
para luego, atendiendo al teléfono,
saber que me esperas siempre desnudo de pupilas hacia arriba.

Foto | Lou Smith