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descansando la rana

Señores políticos, banqueros, y monarcas en general:
Estando, todavía, en completas facultades mentales (hasta que acaben de retirarme, definitivamente, mi asistencia sanitaria y entonces cualquier cosa puede pasar...) quiero pedirles un pequeño favor, si pudiera ser de vuestro agrado o, acaso, estuviera dentro de vuestra insigne agenda de beneplácitos y otras solidaridades:
¡¡Necesito tener vacaciones!!
Pero no las del Caribe, ni las de las bolsas de Suiza, ni siquiera las del chiringuito de Benidorm. Necesito que ustedes me dejen descansar durante, al menos un mes.
Treinta días paradisíacos en los que, cuando abra un periódico, encienda la televisión o el wasap se me desborde, no sea para enseñarme otra desvergüenza más, otro robo más, otro espolio más, otra mentira más, otra puñalada más,... otra bufonada más.
Llevo años dejándome la imaginación en los escenarios de nuestro país, desgranando sílabas en poemas que se quedan latiendo al borde de las páginas vacías, colaborando con la sed y el hambre, de lo que ustedes, todavía, no saben solucionar (a pesar de aportar mi contribución para ello, es decir, sus sueldos)
Denme solo treinta días y regalenme noticias felices, de esas en las que los príncipes tenían sangre azul y enamoraban a princesas que besaban labios de sapos. Traigan a mi mesa el agua de los manantiales justos, la sopa de los líricos andamios y esos postres que llevan el azúcar de los días iguales, de los segundos distintos, de la vida que se estrena cada instante para hacernos eternamente felices en nuestra condición natural.
Descansen de sus intensas vidas de corruptelas y juzgados, lapidaciones y condenas, sollozos y perdones que se esconden entre el lacónico rictus de la infamia y el descaro. Descansen de ser dioses en un mundo que cada vez se siente más ateo.
Esperando que atiendan este humilde escrito y me concedan la luz de su entendimiento (si es que aún les queda). Me despido desde la ensoñación de saberme, pese a todo, viviendo en un mundo libre.

Aunque es una canción que todos conocíamos, al menos los de nuestra generación, desde hacía mucho tiempo, hoy ha vuelto a mi vida para darme un pellizco de alegría.
"Me diste tu palabra", estrenada en el Teatro Castelar el 15 de junio de 2013 por el grupo de teatro Zis-Zas de la Asociación de Alumnos CFPA Antonio Porpetta de Elda.

stacion-de-tren-elda-petrer
Hay amores que se van y ya no vuelven. Besos que se quedan prendidos en el débil paisaje de la memoria. Corazones que andan latiendo sobre la debilidad de los paisajes fríos. Pero ahora, también, hay trenes que se van y ya no vuelven. Y las estaciones se quedan temblando, y las maletas lloran una ausencia de siglos, y los pañuelos se quedan estáticos sin venturosas despedidas.
De repente la capital de España se ha vuelto todavía más inaccesible para los habitantes de nuestro valle y ahora todo queda lejos, demasiado lejos para aquellos que no disponemos del bolsillo necesario, el glamour casi perfecto o el tiempo que nos roban sobre el ocaso de los días estáticos.
Aquella aventura ferroviaria que inaugurarán reinas de postín y ministros descabalados, ha tocado fondo. Ahora otros decorativos príncipes y reyes, junto a nuevos políticos, no menos insolentes, vienen a desmembrar los raíles bajo el palio inclemente del señor capitalismo. Que los que existimos aquí abajo no merecemos gozar las mieles del eterno Madrid castizo.

Foto | Petreraldia

tiempo

Ya no queda tiempo para las incógnitas,
para las preguntas,
para las dudas,
para el abismo.
Sólo queda tiempo para la alegría,
la del fondo de las pupilas,
la del llanto y la melancolía,
la del cambio perpetuo.
Queremos transformar el mundo
y no somos capaces de mirarnos al espejo
sin el mínimo atisbo de vergüenza,
sin el leve paisaje del pasado hiriente.
Pero la vida apremia.
No hay lugar para el pecado
ni tampoco para la enconada muerte.