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A veces una se cansa de hablar a contracorriente.
De pensar a contracorriente.
De llorar a contracorriente.
De desnudarse a contracorriente.
A veces una se cansa de vivir (con o sin corriente).
Y entonces quieres ser tortuga para que no te agobie el peso del tiempo, ni la conversación vespertina de los políticos corruptos, ni los besos de tu amante, que siempre caen de soslayo en el último pliegue de la memoria.
Ser tortuga para esconderte en tu casa cuando el viento desmantela la luz de tus cortinas, los pliegues de las persianas, el íntimo tiritar de las bombillas azules.
Ser tortuga para saber cual es tu casa, más allá del peso que te aplasta la vida.
A veces una se cansa de sobrevivir a contracorriente
por eso busca, en los puentes cercanos, el íntimo abrazo del adiós infinito.

Hoy la Reina está de fiesta. Por fin los Borbones salen a las portadas de los periódicos para hablar de felicidad más allá de las fotos oficiales, las cacerías inoportunas, los accidentes balísticos o los bolsillos sin fondo de los consortes atrevidos. Hoy se ha hecho justicia para la casa Borbón.
Y es que, aunque no lo parezca, la tatarabuela andaba, cual espíritu incorrupto, pidiendo justicia sobre el desastroso legado de su memoria. Demasiada miseria institucional para una mujer que solo quería vivir y que le cayó la desgracia de la monarquía como una losa incombustible.
Pero hoy la Reina está de fiesta, y yo con ella.
Nos acaban de conceder el PRIMER PREMIO a la MEJOR ACTRIZ en el Certamen de Teatro "Siete Llaves" de la ciudad de Sepúlveda, en Segovia.
¡¡Larga vida a la Reina!!