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Las señoritas con clase siempre duermen con puntillas tejidas alrededor de los labios. Virginalmente pluscuamperfectas, se deslizan por el raso como botones de nácar que buscaran el ocioso descanso para sus perfiladas mejillas de porcelana. Recurren al tiempo de las denostadas nodrizas y se insinúan altaneras sobre el enamorado cadalso de un orgasmo interminable. Apenas cobran por gozos o alegrías. Sólo lo hacen por el placer de seguir vivas. Y cuando el decoro les impone el catecismo de la decencia, se cosen el himen, se alargan la lengua... y se meten en política. Entonces, es el momento de llamar a los poetas.

ASÍ SON

Su profesión se sabe es muy antigua
y ha perdurado hasta ahora sin variar
a través de los siglos y las civilizaciones.
No conocen ni vergüenza ni reposo,
se emperran en su oficio a pesar de las críticas
unas veces cantando
otras sufriendo el odio y la persecución
mas casi siempre bajo tolerancia.
Platón no les dio sitio en su República.
Creen en el amor,
a pesar de sus muchas corrupciones y vicios
suelen mitificar bastante la niñez
y poseen medallones o retratos
que miran en silencio cuando se ponen tristes.
Ah, curiosas personas que en ocasiones yacen
en lechos lujosísimos y enormes
pero no desdeñan revolcarse
en los sucios jergones de la concupiscencia
sólo por un capricho.
Le piden a la vida más de lo que esta ofrece.
Difícilmente llegan a reunir dinero,
la previsión no es su característica
y se van marchitando poco a poco
de un modo algo ridículo
si antes no les dan muerte por quién sabe qué cosas.
Así son pues los poetas,
las viejas prostitutas de la historia.

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Recuerdo que nací hace años, era tan pequeña que ya ni el odio de la dictadura me rozaba,
ni el hambre, ni el silencio, ni siquiera la emergente divinidad de los eternos arcángeles vengadores del pluscuamperfecto purgatorio.
Nací virgen y excéntrica, botón de mayo,
recién vestida para tomar la primera comunión de los cálices del viento.
A lo lejos, más allá de la frontera de osborne y el seiscientos,
se respiraban margaritas, volutas de humo de hierbas libertarias con sabor a eternidad.
Una playa que nunca llegaba y estaba detrás de una colina.
La televisión en blanco y negro, el ángelus a mediodía, y el sol entrando por los ventanales del mundo como si la vida acabara de empezar en ese instante en el que nos imaginamos felices.
Ese instante que no se vuelve a repetir nunca.
Nacer es un segundo en el tiempo inmemorial del infinito baldío.
El resto es solo la cómica representación de nuestro propio sueño que se va alargando hacia el pozo inclemente del adiós.
Recuerdo que nací hace años, casi siglos, y el mundo parece no haber cambiado
salvo por este vértigo que da asomarse al balcón de la vida y verse, cada vez, más cerca del olvido.

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Vienes nadando desde el ambarino paraíso de los besos desbocados y una legión de sirenas imberbes te traen en volandas hasta la costa azulada de la vida remota.
La primavera desciende para engalanarte de lluvia y hay un torrente de amapolas ingenuas que publican tu nombre sobre la hiedra que busca el sur de las manos.
Ya llegas sobre el aliento limpio de un horizonte de estrellas, en un barco de nácar sobre los brazos del viento, anhelado regazo de algodones y perlas.
Y extiendes tus alas sobre la fértil marea para iniciar el vuelo de los siempre vivos, de los eternamente susurrados en el amanecer del mundo.
Frutal y diáfana.
Transparente y precisa.
Candil enamorado del universo en tránsito que circula sobre un útero de espuma.
Rosáceo latido.
Toda tú. Toda vida.

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Pues sí Marimantilla que ya se sabe aquello de que, en tiempos de crisis y censura, lo único que a los españoles nos divierte es el fútbol y los toros. Ahora ya no hay presos políticos, ni aquelarres multitudinarios en la plaza del pueblo, ni siquiera un triste roba-gallinas que, casualmente, siempre se escapaba de prisión cuando se acababa la liga. Esas ligas que, dictatorialmente, siempre ganaban los de blanco porque era el único color que le sentaba bien al señor bajito del bigote.
Sinceramente, a mí nunca me han gustado ni los toreros ni los futbolistas de pago. A mí me gustan los toros, los que bajan a beber al río por las dehesas extremeñas, y los futbolistas que se rompen los tobillos en los campos de tierra y piedra, esos mismos terrenos que luego institucionalizan y a los que solo tienes acceso si calzas botas de  las que cosen los niños esclavos de Tailandia.
Hace mucho tiempo que dejé de creer en los milagros, aunque sigan queriendo convencerme con vírgenes que se aparecen en medio de los campos o con otras, menos puras, que me tocan el timbre los domingos por la mañana cuando yo estoy rezando orgasmos en los brazos de mi amante.

Así que hoy sólo me toca irme a celebrar mi rebeldía impertérrita con todos aquellos que, afortunadamente, siguen pensando de forma diferente. Después, como un delicioso postre, me iré a recitar versos con los niños de mi barrio para soñar que, algún día, la Pobreza sea Zero.

Foto | La ventana muerta

Aquí os dejo un pequeño resumen de las bases.
Esperamos vuestros versos, pedazos de montaña y luz.
Vida ascendiendo hacia la cumbre de la libertad.

Poemas escritos en lengua castellana cuyo tema debe ser, obligatoriamente, la naturaleza y el montañismo.
La extensión tendrá un mínimo de 14 versos y máximo de 60.
Originales e inéditos. Métrica libre. Mecanografiados a doble espacio.
El plazo de admisión finaliza el 10 de septiembre.
El premio es de 150 euros y una estatuilla Cuentamontes.

Bases completas en Cuentamontes